Estamos consumiendo a gran velocidad el primer cuarto del s. XXI y seguimos planteándonos desde hace 50 años si los sistemas educativos se ajustan a la realidad de la sociedad en la que vivimos. Es evidente, por tanto, que tras nuestra pregunta está la respuesta. NO y lo malo es que lo sabemos pero nuestra capacidad para evolucionar es extremadamente lenta. Vivimos en una sociedad que se mueve a velocidades increíbles en cualquiera de sus componentes, el sociológico, el del conocimiento, el de las relaciones, el político, tecnológico y científico, etc…

Pero el mundo de la educación permanece casi inalterado, quieto, diría que hasta cómodo, aunque es también buena nueva, que en los últimos años está floreciendo una inquietud activa desde dentro de las aulas que visualiza nuevas formas de enseñar, pero sobre todo de aprender.

Me remito a la siguiente imagen para ilustrar las últimas décadas desde dentro del aula…

«El aula» ese espacio generalmente cuadrado o rectangular con un gran encerado donde se cree que se producen todos los procesos de enseñanza aprendizaje de un centro educativo. No falta razón, aquí se producen muchos de ellos, aunque debemos plantearnos si su diseño estandarizado los favorece o no. Estar más de 6 horas sentado en la misma posición mirando al frente, 5 días a la semana, durante un curso completo no parece que explote su potencial.

Es el AULA un espacio educativo sobre el que debemos invertir tiempo de investigación y acción para transformarlo en un espacio de aprendizaje que invite a entrar y a disfrutar de nuestra actividad diaria, tanto a los alumnos como a los profesores.

Pero tenemos la obligación de reformular el concepto de «Espacio educativo» o «de aprendizaje» como prefiero llamarlo. Quizá debamos escapar de las aulas y salir fuera de ellas y conquistar otros espacios de nuestros «centros de APRENDIZAJE» para su uso educativo. Los pasillos , los jardines (si los tenemos), la biblioteca, el hall de entrada, el comedor…

Hacer del colegio algo más que un aulario es hacer que nuestros alumnos y profesores encuentren más atractivo y más eficaz, el difícil proceso de aprender. Favorecerá el ánimo y la disposición, relajará las tensiones, respetará los diferentes estilos de aprendizaje y ayudará a una profunda renovación metodológica que tanta falta nos está haciendo.

Y dejo para más adelante la siguiente pregunta:
¿cuidamos los espacios educativos de aprendizaje para profesores?

«Todos los triunfos nacen cuando nos atrevemos a comenzar»

EUGENE WARE

 

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