Seguimos hoy desmenuzando lo que para mí son las claves de la Innovación educativa. Hoy vamos a hablar de los contenidos , de sus continentes y de su formato. Son muchos los colegios que están optando por no utilizar o hacerlo en menor medida los libros de texto, y que sean los profesores los que creen y gestionen (ojo al matiz) los contenidos curriculares.

Llevo 3 años sin usar libros de texto,ya que mis alumnos no tienen y si lo sumo a los 17 anteriores que aunque mis alumnos los tenían yo no los usaba, llevo 20. Durante esos años he visto pasar ante mí cientos de ejemplares de diferentes editoriales para elegir el que mejor se adecuaba al currículo y al gusto del profesor (que no del alumno al que nunca se preguntaba) y siempre se elegía el menos malo, el que menos daño causaba a lo que queríamos hacer, a nuestro estilo, a nuestros alumnos. El que tenía muchos dibujos, parecía infantil, el que no los tenía era un ladrillo, otros se pasaban con la información algunos no llegaban.

Hemos atocinado a los niños frente a los libros de texto, les hemos convertido en pasadores profesionales de hojas

Pero lo peor era el uso que se daba de ellos, y creo que ahí radica la cuestión. Un libro es un entorno cerrado de información, hay lo que hay, ni más ni menos, ellos tenían las preguntas y ellos daban las respuestas, tenían los esquemas y resaltaban lo importante. El «lector» era solo un lector, que a lo máximo que aspiraba era que el profesor le otorgara el turno de lectura. No ha sido técnica poco usada la de dictar al alumno lo que había que subrayar, creyendo que eso era enseñar a diferenciar lo importante de lo secundario. Al final hemos conseguido atocinar a los niños y niñas frente a los libros de texto (no confundir con los maravillosos libros de lectura). Cuando digo atocinar me refiero a convertirles en pasadores profesionales de hojas, con miradas perdidas y deseosos de terminar la clase. ¿Cuántas veces no hemos jugado a pillar al que estaba en Babia… «Gutierrez siga…» y Gutierrez estaba dos párrafos dormido. Y quizá también se atocinaron los profesores, ya que como todo estaba en el libro, en las tardes de invierno con leerlo ya estaba la labor cumplida.

TDM: Transtorno por deficit de motivación

Las consecuencias eran evidentes, poca participación del alumno en las clases, poco interés por aprender, desconexiones prolongadas durante las clases (Transtorno por Deficit de Motivación), excesivo uso de la memoria, falta de interacción con la realidad y la actualidad, clases aburridas… y así podría continuar esta crítica mordaz y algo caricaturera de los libros de texto. Aunque debo romper una lanza por ellos, ya que con ellos muchas generaciones aprendieron, entre ellos yo, aunque me hubiese  gustado aprender de otra forma.

La actualidad se mueve a gran velocidad, hablan de una sociedad o modernidad líquida (Zygmunt Bauman 1925-2017) donde todo se transforma, la información fluye, se modula y cambia de un día para otro. No hay realidades sólidas y los conocimientos aumentan a velocidades de vértigo no siendo considerados definitivos nunca, cuestionando cualquier realidad, considerada sólida hasta el momento. Recuerdo una de mis realidades sólidas, que cuando dejó de serlo hizo que repitiera tres años seguidos «alumnos, aunque el libro dice que Plutón es un planeta del sistema solar, ya no lo es, corregidlo por favor» y recuerdo que siempre hacían lo mismo… PREGUNTABAN ¿Por qué? y comenzaba un rato muy entretenido de aprendizaje sobre la ciencia y sus cambios.

Con esta última pregunta justifico cambiar de continente para los contenidos, los niños y niñas mostraban interés por saber. Y esa es la clave del aprendizaje, la motivación intrínseca del que aprende por el gusto de aprender y seguir haciéndolo al día siguiente.

Debemos permitir, para que la educación de los niños y niñas del s. XXI sea fértil, que se acerquen a los contenidos de forma activa, que los manipulen, investiguen y trabajen. Que creen, en su diferenciada individualidad, sus propios continentes de contenidos, sus preguntas y sus respuestas. Siempre bajo la guía y supervisión de su acompañante de aprendizaje, el profesor. Debemos plantearles retos, enigmas, proyectos, investigaciones, preguntas, juegos y problemas que les obliguen a pensar, dudar y reflexionar y les hagan sumergirse en las profundas aguas del conocimiento de las redes de la información para pescar buenas resoluciones, geniales respuestas, brillantes exposiciones, aprendiendo a diferenciar los tipos de información, su calidad y sus fuentes.

Siempre se parte de una base teórica pero esa siempre la puede generar un profesor surfeando la red y desde sus conocimientos filtrando lo mejor, debemos aspirar a ser sanadores de contenidos y que nuestros alumnos sean aprendices. Aquí radica el matiz de gestor de contenidos, ya que no todos los alumnos son iguales ni necesitan lo mismo en cada momento, no todos los grupos son iguales ni sus dinámicas paralelas, antes era o blanco o negro, pero ahora tenemos una gran paleta de colores para pintar nuestros espacios de aprendizaje.

Estamos obligados a enseñar a aprender y ellos, nuestros alumnos, deben aprender a aprender, y en muchas ocasiones los libros de texto lo ponen difícil, de hecho su gran reto (editoriales) es su metamorfosis hacia un instrumento interactivo donde el protagonista no sea el contenido sino el aprendiz. Y lo saben. (Y la solución no son los libros digitalizados).

Desde aquí te animo a probar, con un tema que te haga sentir seguro en clase, olvida el libro, prepara una pequeña introducción, que participen en una lluvia de ideas con post.it de colores en la pizarra (que se levanten), ofréceles los contenidos básicos para aprender y planteales unos sencillos retos para que piensen e investiguen en la biblioteca, si lo haces por grupos el efecto será multiplicador, y termina con una puesta en común donde tú recojas lo más importante. Seguro que aprenderán mucho más y tú también.

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