Si te dedicas a la educación y no sabes lo que es la dopamina y cómo funciona, no estás a la moda. Si eres padre y tienes hijos en edad escolar y no la conoces, tienes que informarte. Si estás en contra de nuevas metodologías o tecnologías educativas seguro que llamas a tu amiga la dopamina. Y si estás a favor  la dopamina es tu gran aliada. Ahora sin la dopamina no somos nada.

La neurociencia ha llegado a la educación para quedarse y sinceramente no me parece mal ya que se encarga de estudiar, desde distintas miradas científicas el funcionamiento de nuestro sistema nervioso. Es decir, busca entender como funciona nuestro cerebro, las neuronas, los neurotransmisores, cuándo se apagan o se encienden unas reacciones o cuándo se altera la normalidad de los flujos de información.

Y en ese camino, apasionante como pocos, ha empezado a aprender cómo aprendemos. Y en los tiempos que corren, donde aprender mejor y más rápido parece lo más importante ha nacido el submundo de la neurociencia aplicada a la educación. De esta rama muchos neurocientíficos hablan con cautela pues dicen que no se sabe tanto como para ser dogmáticos o sacar conclusiones definitivas. Otros van aportando luz sobre como el cerebro aprende.

Pero la sociedad, los medios, la publicidad se aprovechan de estas circunstancias y establecen modas que generan productos, teorías y muchos artículos, muchos, en periódicos y revistas. Es raro el día que no veo un anuncio de «aprenda idiomas mientras duerme» o leo tres artículos en prensa generalista. Y uno de los temas más reiterados es el de la dopamina y su influencia en el aprendizaje.

La dopamina es un neurotransmisor, es decir una biomoécula que se encarga de transmitir señales entre nuestras neuronas, haciendo que la información fluya de una manera u otra. Es uno de los más famosos y siempre se ha ligado a los circuitos de recompensa y placer.

Pero también hace otras cosas como participar en las tomas de decisiones, en los procesos de planificación y activando y controlando procesos motores.

Se ha magnificado tanto su poder que enfocamos todo lo que hacemos, en conseguir elevar o disminuir sus concentraciones, para así creer, que planificaremos mejor, seremos más activos o nos motivaremos más para obtener la recompensa final. Y en educación no podemos funcionar con absolutos biológicos, ya que si fuera así una simple inyección de dopamina ( artificial ) sería suficiente. Es bueno conocerla, para motivar correctamente a nuestros alumnos , invitarles a planificar y mantenerles activados.

Pero la dopamina no inunda nuestro cerebro en soledad, hay más neurotransmisores. Colabora con otros, como por ejemplo la serotonina, que estimula su fabricación cuando ejercemos roles de liderazgo, cuando tomamos el mando de las situaciones y guiamos a otros. Su función, entre otras, es acelerar procesos de aprendizaje, de ahi se dice que «el que enseña aprende dos veces», pues enseñar a otros, dirigir las explicaciones o exposiciones aumenta nuestros niveles de serotonina y aprendemos más. No puedo imaginarme los caudales de serotonina de mis alumnos ante una presentación frente a sus compañeros , o cuando les ves cómodos explicando y resolviendo dudas a terceros.

Y por último os hablaré de la acetilcolina, otro neurotransmisor, que tiene relación con la memoria a corto plazo, y es muy curioso ya que sus niveles aumentan cuando necesitamos poner mayor atención ante un suceso o acción. Traducido al mundo de las aulas, que ante una clase magistral esperable, sin retos para el alumno, su producción es casi nula , no recordando por tanto, apenas nada. Mientras que si presentamos retos donde nuestros alumnos se sientan probados, conseguiremos que recuerden lo trabajado. ¿No crees que si introdujeras una jirafa en el aula, recordarían el momento para siempre?

Pero aunque el mundo de los neurotransmisores esté de moda, con su princesa la dopamina al frente, no olvides que hay muchos más que se activan con la escucha, los abrazos, sintiéndose a gusto y feliz, con una sonrisa, un pulgar hacia arriba. No nos centremos en la bioquímica para seguir gestionando los enfados, las alegrías, los problemas, los fracasos o los éxitos. Es bueno conocerlos, es muy bueno lo que nos aporta la neurociencia, pero no hagamos de ella una moda, hagamos ciencia de la buena, ciencia educativa que nos ayude a que nuestros alumnos, niños y niñas, aprendan un poquito más y un poquito mejor.

«El cerebro humano tiene 100 billones de neuronas, cada una conectada a otras 10 mil neuronas. Sobre tus hombros está el objeto más complicado del universo conocido.» MICHIO KAKU

 

 

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