Llevamos años discutiendo a razón de las lenguas cooficiales del tema del bilingüismo en educación, y hay opiniones para todos los gustos aunque impera la defensa de la lengua materna como lengua vehicular para el aprendizaje. Pero espera, que ha llegado algo nuevo, algo diferente, el bilingüismo internacional, ¿y éste qué?

Por internacional me refiero al inglés nada más… y nada menos. El tema del trilingüismo se lo dejamos a los valientes del francés y del chino.
Vaya por adelantado que no estoy en contra de saber idiomas, solo quiero matizar la moda y en algunos casos el TOC (transtorno obsesivo compulsivo) de aprender los conocimientos en un idioma que no sea el materno no con la intención de saber más, sino de ser bilingüe.

Si hacemos una busqueda rápida en google encontraremos decenas de artículos sobre los pros y contras de aprender en otro idioma. Yo lo he hecho. Y no encuentro ni una sola razón que justifique esta moda. Lo llamo moda pues una de las razones que más me aturden y al mismo tiempo me dan luz es la esgrimida por ciertos padres «buscar una mejor salida profesional para sus hijos».

Cuando las modas llegan siempre vamos a los extremos, y ahora estamos perdiendo infancias, veranos, años, conceptos, palabras, historias, travesuras, adolescencias, amores veraniegos y tantas otras cosas en pos de un supuesto bilingüismo salvador de carreras profesionales.
Se nos llena la boca de interculturalidad pero eso es mentira.
Relacionarte con otros mundos, países personas y culturas no depende del idioma, depende del corazón y una cabeza amueblada. El idioma es siempre secundario pues si dos personas están llamadas a entenderse lo harán, y la inteligencia se demostrará en encontrar la forma más adecuada, y sin duda la primera será aprender el idioma del otro o construir un «nanotraductor en tiempo real».

Nos engañamos. Pensamos que saber 2000 palabras de otro idioma es entenderles y respetarles, no es verdad, los extranjeros vinieron a España sin saber español pero apreciaron nuestra cultura, arte, bailes, gastronomía y las respetan, y aprendieron 2000 palabras en español pero no son españoles y se les descubre en su forma de razonar, de actuar y tomar decisiones.

Estamos construyendo un nuevo becerro de oro en educación, el bilingüismo, y estamos siendo obligados por las economías e intereses empresariales y políticos a adorarle, y dar en ofrenda los conocimientos, los pensamientos y los corazones de nuestros hijos e hijas para crear una nueva sociedad de tontos bilingües que se relacionarán con tontos internacionales y habremos perdido ideas geniales, veranos irrepetibles, profesores extraordinarios y posiblemente al inventor del nanotraductor en tiempo real que no solo me comunicaría con los angloparlantes sino también con los más pobres del planeta que no son bilingües, pero tampoco tontos.

Y pobres aquellos que no puedan acceder al bilingüismo.
Pobres aquellos que sufran algún transtorno del lenguaje, que no son pocos y sobre los que quizá el bilingüismo está cayendo a día de hoy como un martillo pilón sobre sus cerebros en una lucha urgente por poder comunicarse con los demás en un idioma y no necesariamente en dos.

Será el bilingïsmo  la solución a nuestra crisis económica pero quizá sea una de las causas del aumento y agravamiento de los transtornos del lenguaje que sufrimos en la actualidad.

No entro en el descalabro de la calidad de la enseñanza de las diferentes materias, en manos de grandes profesionales que se habilitarán para chapurrear en inglés conceptos tan complejos como la respiración celular, el tornillo sin fin y las poleas, nuestra historia, el cubismo de Picasso, la energía potencial y otras tantas.

Que conste que no estoy en contra de aprender idiomas, pero si estoy en contra de no aprender por culpa del bilingüismo. Y que no nos vendan la moto de que hay que aprender de otra manera, al tiempo. Para aprender un idioma a estos niveles, a través de las materias, deberían ser profesores nativos los que las impartieran para poder aprender biología e inglés al mismo tiempo.
Sinceramente a todo esto hay que darle una vuelta y tomarnos el tiempo necesario para no darnos cuenta, luego, que hemos sido precipitados.

Quiero que los niños sean niños y no proyectos profesionales.

Nota del autor: todas las opiniones son personales, entiendo y respeto que otras persones opinen distinto. Como profesional no quiero chapurrear inglés para mal enseñar. Quiero ser feliz enseñando para que mis alumnos sean felices aprendiendo.

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